El Dios de la Destrucción más adorable del universo no solo destruye planetas: también arregla agujeros de guion con una elegancia que ya quisiéramos ver en otras sagas. El manga de Dragon Ball Super acaba de cerrar una herida abierta desde la época del anime original.
Han pasado once largos años desde que el anime de Dragon Ball dejó una inconsistencia que los fans más puristas llevaban clavada como una espina. Ahora, el manga de Dragon Ball Super ha decidido que ya era hora de pasar página —literalmente— y ha utilizado a Beerus como el instrumento perfecto para recontextualizar y solucionar ese problema narrativo que tanto debate generaba en los foros y grupos de coleccionistas.
Lo interesante del asunto es cómo el manga sigue demostrando que tiene vida propia más allá de la adaptación animada, tomando decisiones valientes que refuerzan la coherencia del universo Dragon Ball. Para los que seguimos la saga desde los tiempos de Goku niño, ver cómo piezas del puzle encajan once años después tiene un sabor especial... casi tan satisfactorio como encontrar por fin ese Funko Pop de edición limitada que llevas meses buscando.
Que Beerus, el dios que duerme 39 años seguidos, sea el que solucione un problema de una década tiene toda la coherencia del mundo... y nos recuerda por qué Dragon Ball sigue siendo imprescindible en cualquier estantería friki que se precie.


